Enorme recipiente de agua
cobija distintos tipos de embarcaciones
mientras cerros, obviamente verdes,
alojan algunas habitaciones.
Los frondosos bosques
culminan en una que otra punta blanca
mientras personas, en su mayoria de muchos años,
caminan y reposan donde puedan.
En esta pequeña ciudad
ubicada en una de las zonas
mas adineradas de Suiza
los jóvenes claramente escasean.
Prueba de esto es el hostal juvenil
donde compartí habitación con ancianos
y adultos de mas de treinta
todos acá símplemente por trabajo.
Llega a dar risa
ni siquiera lo que no fallaba
hasta las recepcionistas del hostal
tenían más de sesenta.
Este echo no enpañaba la belleza
de la naturaleza suiza
así como también de las personas
que siempre te saludaban con una sonrisa.
Zug,
capital del cantón de mis ancestros,
hoy queda atrás
como un bonito y anciano recuerdo.
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