Gran ciuda del norte portugués
recibe el nombre a la fluidez
con que barcos pasean por doquier
en sus contaminadas aguas, limpias ayer.
Brasileros por montones en este lugar
donde se celebraba una gran festividad
como es la de Sao Joao, su gran santidad,
y con fuegos en el aire reían sin cesar.
Personas de todas partes aterrizaron acá
desde Israel hasta la calma Suiza
en busca de un espacio especial
donde su cuerpo puedan refrescar.
La historia abunda por sus calles
con centenarias catedrales
así como adoquines en todas partes
lo que muestra la antigüedad reinante.
Mucho tuve que caminar
para poder conocer la espectacularidad
de cerros con casa de una humanidad
que gustan mucho de colores y felicidad.
Azulejos y casas de esa originalidad
en todas partes puedes encontrar
mientras ancianos gozan de su libertad
del trabajo y toda responsabilidad.
El turismo acá no llega a cansar
como es el caso en otro andar
ya que pocos vienen a Portugal
quizás por la impureza de su mar.
Mientras intentaba estas líneas redactar
erroneo tren llegué a abordar
ahora sólo espero llegar
a Barcelona e intentar algo lucrar.