El Sol sale a saludar
en este turístico paraíso costero
donde cerros terminan en el mar
y los cruceros juegan con el viento.
Los acantilados abundan en esta bahía
donde los árboles se alimentan de casas
correctamente edificadas
en aglomeraciones de tierra.
Piedras de todos portes
sostienen nuestros pasos
a medida que avanzamos
en busca del extenso mar.
Niños y familias gritan felices
corriendo sobre diversos peñascos
que ocupan el lugar usualmente de la arena
en las playas a las que estamos acostumbrados.
En este pintoresco pueblo,
protegido por la UNESCO,
Valparaíso viene a mi mente
por los cerros y habitaciones.
Pero acá el verdor es más intenso
y las casas son las menos
pues acantilados se besan constantes
con aguas y castillos diversos.
en este turístico paraíso costero
donde cerros terminan en el mar
y los cruceros juegan con el viento.
Los acantilados abundan en esta bahía
donde los árboles se alimentan de casas
correctamente edificadas
en aglomeraciones de tierra.
Piedras de todos portes
sostienen nuestros pasos
a medida que avanzamos
en busca del extenso mar.
Niños y familias gritan felices
corriendo sobre diversos peñascos
que ocupan el lugar usualmente de la arena
en las playas a las que estamos acostumbrados.
En este pintoresco pueblo,
protegido por la UNESCO,
Valparaíso viene a mi mente
por los cerros y habitaciones.
Pero acá el verdor es más intenso
y las casas son las menos
pues acantilados se besan constantes
con aguas y castillos diversos.
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