Capital portuguesa
de semejanza a la chilena
divide sus tierras
en baja, nueva y vieja.
Muchos colores pintan los cerros
que atentos observan el río andar
bajo gigantescos y avanzados puentes
y cobijando cruceros y barcos.
Idioma algo entendible
no suena tan bonito como el de brasileros
aunque la gente generalmente tiene
una agradable energía que se siente.
Adoquines adornan muchas de sus calles
que tempranamente cierran sus bares
lo que dificulta el salir en la noche
junto a canadienses habitantes.
Habitantes de otra tierra
que busca su propia independencia
ya que Quebec hasta tiene bandera
y, como el país Vasco, no reconocen otro emblema.
Ahora el turno es de Porto
a disfrutar algo de Oceano
el Eurailpass se está acabando
acercando mis meses de artesanal trabajo.
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