Una laberíntica medina
rebalsante de comercio
es la gran atracción de turistas
en la antigua capital de marruecos.
Capital no solamente histórica
sino también del trabajo
de hombres que manualmente elaboran artesanía
esquisita en piedras y metales preciados.
En calles se huele orina,
cuero y diversos alimentos
logrando un extraño aroma
a pueblo saturado.
Los animales juntos pasean
como si pertenecieran a un gran rebaño
sin importar siquiera
el diferente grado de razonamiento.
Burros y vendedores de china,
comerciantes y abundantes extranjeros,
todos caminan entre música
y colores que ambientan el paseo.
Acá mi arte se transformó en comida
gracias a la venta de mi inventario
a un esforzado artesano que a su tienda
pretendía darle un toque latino.
Pero las horas pasan a prisa
y se acerca mi verdadero sueño
recorrer la hermosa américa latina
donde el verde es el único amo.
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