Playa que se pierde
entre dunas y mar
sirve de eterna vecina
a esta pequeña ciudad.
Donde los frutos del agua
abundan a toda hora y lugar
gracias al pueblo pesquero
que labura sin cesar.
Sin cesar en esta tierra
logran mañana y tarde cosechar
siempre acompañados de un tranquilo vivir
que se percibe en su relajado caminar.
Acá mis manos encontraron
seis cuerdas que llegaron a acompañar
a dos lugareños músicos
en la calle semi principal.
En estas mismas calles
conocí el significado de hospitalidad
compartiendo con diversos personajes
ya sea comida, cerveza o un simple conversar.
Ocho días mi cuerpo reposó
en la costa norte de la mamá áfrica
aquella que días antes me rechazó
y que hoy encantó mi eterno caminar.
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