Primera estación latinoamericana
de mi incesante aprender y viajar
deja un leve sentimiento de vacío en mi dentro
quizás gracias al parafernálico hogar.
Situado en mitad del histórico centro,
donde el pueblo se desenmascara con naturalidad,
me ayudó a reencontrar
a una vieja compañía del andar.
Afuera, en esas calles que olvidan su historia,
la gente apura su caminar
por el costado de verdes taxis
y uniformados que no cesan de pitar.
De pitar hasta para controlar
a humanos que se niegan a rechazar
su condición de seres humanos
a través de un justo reclamar.
De tierras que les usurparon
dado su escazo poder en la sociedad
en esta novena economía del mundo
donde el gobierno se enriquece y el pueblo no come ni pan.
Esta es Ciudad de Mexico,
o también conocida como Distrito Federal,
lugar que ya no es ni la sombra de lo que alguna vez fuese
la gran ciudad azteca de Tenochtitlán.
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