De lluvia y modernización
se pintó mi verano por unos días
en esta selva de la migración
la capital de Gran Bretaña.
Largos parques y completos museos
satisfacen hasta el más exigente gusto
mientras elefantes rojos de dos pisos
acarrean hormigas de diversos tonos.
Familia encontré en este lugar
en el hogar de un viejo amigo
que de gruesa carne y liso pelaje
guió cada uno de mis caminos.
Suciedad exrema mis ojos encontró
en las frías noches presentes
gracias al exceso de gente exterior
que no le importa cuidar el ambiente.
London es la perfecta demostración
de lo que los avances producen en la tierra
gracias a eso llamado globalización
que hace casi olvidar la palabra frontera.
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