Pueblo promocionado
como el afortunado huesped
del más grande de los castillos
de esta isla del norte.
Verde prado
acompaña los ladrillos
que vigilan de lo alto
el agua entre gente y edificio.
Un bello salón
es el mayor atractivo
de este monumento histórico
que mis expectativas no sació.
El pueblo en sí se pinta
de un intenso verde húmedo
producto de la llovizna presente
este día de otoño.
Caerphilly se separa
de la capital galesa
no solo por los veinte minutos de tren
sin también por su belleza.
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