Flores flotan sobre calles
que separan inglesa arquitectura
donde los cerros crecen constantes
y el verde es el dueño de la tierra.
Paisaje fotograficamente esquisito
olvida por momentos mi sed de verano
invitando al otoño a mi camino
en este pueblo del sudoeste britanico.
Ardillas juegan en los prados
hiperkineticas por una pizca de comida
mientras una frondosa vida natural
me proteje de las nubes y su esencia.
Distintos colores y sonidos
se mueven alumbrando momentos
ya sea por calles o río
o por verdes jardines y cerros.
Grises pelos invaden el lugar
asombrados por la gran hermosura
que posee el pueblo de Bath
para obligatoria entre Gales e Inglaterra
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