Un cafe en la mano
con el Sol golpeando mi rostro
es la unica medicina posible
para combatir el montanioso frio.
En este extenso pueblo
de pasado y presente maya
los vegetales abundan en mercados
alimentando y saneando nuestros momentos.
Donde alcanzabamos a huir
de una cotorra argentina
ahi lograbamos ser feliz
caminando mientras la altura nos daba un respiro.
Y fue ese mismo respiro
el que nos llevo hasta unos banios
donde pueblerinos purificaban su cuerpo
y nosotros curamos nuestro pasado.
De horas y dias lejos del agua
gracias a facilidades que dificultaban
la limpieza y el relajo
de un instante bajo un chorro frio.
Pero ya pasaron los minutos
en que observamos a Xela y sus volcanes
especialmente el gran Tajamulco
que de lo alto vigilo nuestros pasos.
Aquellos que seguiremos dando
ahora en busca de un lago
que esperamos caliente nuestros huesos
entre los volcanes Atitlan y San Pedro.
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