Pequeño pueblo
que rebosa tranquilidad
cobijó nuestros sedientos cuerpos
de playa, Sol y paz.
En este templo
del fácil vivir y la hermandad
las sonrisas y saludos
abundan en todo lugar.
Y nos dejó sorprendidos
ya que no esperábamos encontrar
un pueblo tan amigo
repleto de humanos lejos de su hogar.
Hogar perdido hace años
cuando aún se permitía esa brutalidad
llamada comercio de esclavos
y que hoy repleta esta ciudad.
De personas con antepasados
que sufrieron al llegar
a este caribe nortino
donde rastafaris caminan sin cesar.
Y sin cesar van girando
dos ruedas en un constante pedalear
entre selva sin pavimento
donde la pobreza se esconde en la felicidad.
Que muestra dientes y labios
de personas que no se intentan aprovechar
de estos dos extraños
que ni se inmutan por caminar.
Donde sea y a todo minuto
por que acá nada llega a pasar
en este esquisito pueblo costero
donde el reggae musicalizó nuestro andar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario