Con la enorme calidez
de un hogar alimentado de corazones
pudimos una Luna ver
entre amabilidades e interminables atenciones.
De gente que sin miedo recogió
nuestros polvorientos cuerpos
y que sin dudar ofreció
un espacio bajo su techo.
Donde de historia y religión
llenaron nuestras horas
cuando no se preocupaban de nuestra alimentación
o de nuestra futura familia.
Pero no sólo permanecimos
disfrutando de esta hospitalidad
sino también caminamos
por la ciudad y aquella infaltable catedral.
Que de noche recibió nuestras luces,
aquellas que a nuestra memoria ayudarán
al igual que estas ricas personas
que nos enseñaron a no siempre desconfiar.
Y así, con nuevas vivencias y enseñanzas,
Ciudad Quezada ya vamos a abandonar
preparando nuestro nuevo camino
hacia la tica capital.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario