Aún con su olor en mi cuerpo
mirando al cielo llorar
me despido de este caribeño pueblo
que por seis noches nos vino a cobijar.
Llenando de animales y playas
nuestras horas lejos de la cocina
y proporcionándonos un comodísimo lecho
que nuestros sentimientos llegó a alimentar.
Por que aquí empezamos a vivir
los próximos tres meses de distancia
que claramente se encargarán
de fortalecer lo que llegamos a soñar.
Así como también lo planeado
aunque aún no definido el lugar
pero pacientes y concientes que el tiempo
es el maestro y no queda mas que esperar.
Y así, entre risas y despedidas,
pudimos finalizar
este viaje por Centro América
donde la tranquila Cahuita fue nuestro destino final.
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