Dias grises
que se tinien con rojos
y verdes barrios
confunden al andante.
El lugar donde todo,
o casi todo en realidad,
disfruta de legalidad
olivida sus raices de tulipanes.
Los molinos ya no contienen madera
las casas, de tiempos muy lejanos,
parecieran que se vienen encima
o reposan al costado.
Canales con diversas naves
vigilan el andar de las calles
todas de nombre extranio
que hace casi imposible orientarse.
Las personas cambian sus piernas
por un par de ruedas en todos lados
y compiten con los carros
por la pertenencia de la ruta.
Afuera el paisaje recuerda el pasado
con animales lejos de la parafernalia
en que se ha convertido esta capital
gracias al caracter liberal que ha tomado.
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