Un largo y extenuante caminar
acarreando tanto materia como espíritu
a través de la colombiana selva
me llevó a encontrar
este paraíso de verdes, azules y celestes aguas
que remojan tiernamente la mezcla de arenas
separando el mar de las palmeras.
Pero no sólo palmeras alimentan nuestros pulmones
sino también todo tipo de árboles y plantas
que sirven para cubrir los cuerpos de cuando en cuando
escapando del Sol y sus potentes rayos
aquellos que tanto extrañé en el Sur del continente
y que el caribe me devolvió
en este último día del medio año.
Acá logré descansar mi cuerpo
bajo un techo innundando de hamacas
que por horas alimentaban mis sueños
y, especificamente, mi futuro con ella
en el Sur de nuestros pueblos
lejos del caos y la locura
conviviendo en una paz envidiada.
Y así, entre desconocidos y despampanante naturaleza,
extraño estar aprovechando estos momentos
acompañado de sus ojos, risa e ideas
y disfrutando de su amor y cariño abundante
pero igual aprovechando a cada instante
la tranquilidad del Parque Tayrona
escondido en el caribe de Colombia.
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