viernes, 11 de julio de 2008

Parque Nacional Tayrona (Colombia)

Un largo y extenuante caminar

acarreando tanto materia como espíritu

a través de la colombiana selva

me llevó a encontrar

este paraíso de verdes, azules y celestes aguas

que remojan tiernamente la mezcla de arenas

separando el mar de las palmeras.

Pero no sólo palmeras alimentan nuestros pulmones

sino también todo tipo de árboles y plantas

que sirven para cubrir los cuerpos de cuando en cuando

escapando del Sol y sus potentes rayos

aquellos que tanto extrañé en el Sur del continente

y que el caribe me devolvió

en este último día del medio año.

Acá logré descansar mi cuerpo

bajo un techo innundando de hamacas

que por horas alimentaban mis sueños

y, especificamente, mi futuro con ella

en el Sur de nuestros pueblos

lejos del caos y la locura

conviviendo en una paz envidiada.

Y así, entre desconocidos y despampanante naturaleza,

extraño estar aprovechando estos momentos

acompañado de sus ojos, risa e ideas

y disfrutando de su amor y cariño abundante

pero igual aprovechando a cada instante

la tranquilidad del Parque Tayrona

escondido en el caribe de Colombia.

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