Sentado en la entrada
de dolorosos recuerdos
esquivo el sufrimiento de antaño
que conoció al pueblo norteamericano.
Y que hoy sigue presente
en aquel monstruoso pozo
que mezcla petroleo, cemento y polvo humano
a casi siete años de aquel suceso.
Que coronó el inicio de la guerra
entre árabes y este pueblo
que escasea de raiz propia
dadas las conquistas del pasado.
Y, mientras,
yo huelo con asco
el sudor político de cuerpos
que pagaron en vida el descontrol ageno.
De amor al poder y dierno
que hasta hoy acarrea a matanzas
insuficientemente justificadas
donde jóvenes son meros números.
Distinto caso para abuelos
que contra Sol y lluvia
reclaman les devuelvan
estos jóvenes soldados.
Que solían hacer de nietos
antes que sus ambicioso presidente
(reelecto por si fuese poco)
los enviara al infierno.
Y así,
intentando homenagear con un canto,
recuerdo entre palabras olvidadas
que teletransportan 40 años atrás.
Cuando igual que ahora
inocentes estadounidenses
pagaron en cuerpo propio
las locuras de su gobierno.
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