martes, 27 de mayo de 2008

Isla Margarita (Venezuela)

Dos noches
entre cemento y basura
que marchitaban el mar
gasté en esta supuesta hermosa isla
que el Sol no me dejó
realmente apreciar.
Pues aunque mucho caminé
en busca de colores que asombraran
nada logré ver
ya que las nubes empañaban los rayos
que normalmente tiñen el agua con sal.
Donde la arena produce un verdor
a veces llegando al turquesa
pero que se transformó en gris azulado,
aquel color que refleja un día
escaseante de naranjo, amarillo,
celeste y olor a vida.
Así fue como mi primera
verdadera localidad venezolana
que logré conocer (aunque sea a medias)
aburrió largas horas de espera
a que estas mismas pasaran
y mis bolsillos no se quejaran más.
Pues Isla Margarita reflejó algo
que me había faltado en este viaje
donde mis gustos particulares
no tienen por que igualar al resto
especialmente en este suelo
que no me brindó más que techo para descansar.

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