sábado, 22 de diciembre de 2007

San José del Pacífico (México)

Un pequeño pueblo de humanos
se pierde entre los verdes montes
donde los bosques alegran los ojos
y al atardecer el oceano dice presente.

Acá el gran testigo es el viento
que musicaliza este hermoso paisaje
ya sea a la hora del almuerzo
o cuando comienza el reinado de la noche.

Esa que asombra por el frío
gracias quizás al eterno soplo
de un heladísimo músico
y sus compañeras nubes.

Entre los distintos tonos
de azules y verdes
se asoman viviendas vestidas de naranjo
que humanizan la naturaleza del ambiente.

Ambiente sumamente rico
en energías y vibraciones
que iluminan mis horas de relajo
en esta tierra del Norte.

Tres días pasamos en este paraíso
perdiéndonos entre caribeñas canciones,
y entre bosques y cerros
que adivinaban mis sueños e ilusiones.

Donde la gente en este mundo
se preocupaba de vivir este instante
y observaba nuestro planeta grandioso
sin hombres que lo dividiesen.

Hoy conocimos el verdadero significado
de la combinación de monte y hombre
viviendo en armoniosa perfección
en nuestra verde latinoamerica de siempre.

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