Solo en el vecino español
del portugués pueblo de Elvas
deposito por horas mi cuerpo
recordando momentos de tierra.
Poco movimiento se presenta
en este espacio hospedante del Sol
que te atrapa entre las montañas
y el cemento con su ardor.
Calles de silencio sin gran personalidad
recorren los barrios de este lugar
que alguna vez recibió dinero
de un argentino animador dispuesto a soñar.
Mi cuerpo apenas puedo parar
gracias a intensas noches de amistad
entre cuatro duendes y la tierra de Portugal
que a nuestro hermano nos permitió homenajear.
Personajes con ganas de hablar
no podían faltar en este lugar
apareciendo Jesús antes de empezar
y un aburrido pueblerino que no dejaba escapar.
Badajoz de reojo mira
su vecino pueblo de Elvas
aceptando que sólo se diferencian
por colores y la imaginaria frontera.
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